
La caída libre dura unos segundos, pero para el cuerpo es una experiencia intensa. Esto es lo que realmente te sucede desde el momento del salto.
Por qué no sientes que caes
La sensación de caída que conoces de una montaña rusa proviene de la aceleración. En la caída libre, después de unos segundos, alcanzas la velocidad terminal (aproximadamente 200 km/h) y dejas de acelerar: la resistencia del aire equilibra la gravedad. El cerebro lo percibe más como estar acostado sobre una almohada de aire en movimiento que como caer hacia abajo.
Adrenalina — qué hace al organismo
En el momento del salto, el cuerpo libera adrenalina. El corazón se acelera, las pupilas se dilatan, los sentidos se agudizan. Es una reacción natural del cuerpo, y gracias a ella recordarás el salto durante años.
Respiración y corriente de aire
La corriente de aire a 200 km/h es fuerte: al principio, respirar puede parecer diferente a lo habitual. Los instructores enseñan una técnica simple antes del salto, así que no tienes que preocuparte por eso.
Oídos y presión
Durante el ascenso y descenso, la presión cambia. Los oídos pueden hacer ruido: ayuda tragar saliva o bostezar. Si tienes un resfriado o senos nasales bloqueados el día del salto, asegúrate de decírselo al instructor.
Después de abrir el paracaídas
La apertura del dosel frena el vuelo. Del ruido de la corriente de aire pasas al silencio y un vuelo tranquilo: es el momento en que la mayoría de las personas comienzan a disfrutar plenamente de la vista.
¿Es seguro para el cuerpo?
Para una persona sana, las breves sobrecargas al abrir son bien toleradas. Por eso prestamos atención al estado de salud y las contraindicaciones antes del salto.